Historia a través de la tela

 

Yahui para Ñuu Savi, Quetzalcóalt para los pueblos del norte, o incluso Kukulkán para los mayas, no cabe duda de que el dios de la lluvia es de vital importancia para los pueblos aborígenes mexicanos. Tanto es así, que a sus acciones y a sus respuestas se le atribuyen el establecimiento de las normas de la comunidad, la protección del territorio y hasta la provisión de alimentos y riquezas, de carácter no material, para los humanos. 

(a la izquierda, Yahui con alas, Códice Nullall. Ofelia Pineda, 2020)

Savi permanece vivo en la lengua, en los rituales y hasta en la tela. La vestimenta se convierte en un símbolo. En la ropa, y concretamente, en la de la mujer, aparecen referencias al fenómeno cosmológico en los hilos, a la vez que la prenda es testimonio del papel del hombre, sin olvidar la utilidad de ésta a la hora de la muerte. 

El traje, al llevar consigo detalles de la historia, sirve para que los integrantes de varias comunidades puedan reconocerse, pues son culturas hermanas separadas por regiones. Por la cantidad de estas últimas, hay diversidad de tejidos, en los que sólo cambia el color, la posición de la iconografía y/o el tamaño del hilado. 

Son dos prendas femeninas las más representativas para los Na Savi: el huipil, (del náuhatl huipilli) que corresponde a un vestido o blusa hecho de tela tejida y adornado a mano; y el quechquemitl, de quechtil o cuello, y quemitl, o vestido. Las diferencias con el primero reside en que el numero de diseños y cantidad de colores usados en él.

Profundizando en sus diseños, estos recrean el paso del hombre a través de las generaciones, pues apenas han cambiado a pesar de la colonización y el paso del tiempo. El huipil, en su totalidad, proyecta los tres niveles cósmicos: cielo, tierra e inframundo. 

(a la derecha, un quechquemitl, Ofelia Pineda, 2020)

Para los Ñuu Savi, al igual que para las demás comunidades, el monstruo cósmico tiene dos naturalezas. La primera es la bóveda celestial, a la que pertenecen la lluvia, el aire, las nubes y el relámpago. La segunda es la naturaleza terrestre, referida a procesos de destrucción, muerte y transformación. El ser humano, al estar en medio de las dos naturalezas, estará conectado con ellas. Percibe el movimiento, conecta y es recíproco con la espiritualidad. Por ello, los tejidos del huipil corresponderán a los símbolos sobre la parte celeste, sobre la parte terrestre, e incluirán el movimiento. Cabe destacar que serán símbolos en transición,  no en estilo de fotografía de las imágenes de los códices. 

Los dibujos predominantes en el huipil de las mujeres Ñuu Savi serán Yahui, las flores y el movimiento. Además, se debe asegurar que los colores de estos sean vibrantes, como las combinaciones de rosa, rojo, naranja y verde. Cada línea es un símbolo, y cada espacio en blanco, la continuación de un ciclo.

(a la derecha, huipil con Yahui de 7 líneas a la altura del pecho, Ofelia Pineda, 2020)

El zigzag, al que muchas mujeres de la comunidad llaman Ndiakua es el tejido con el que se representa a Yahui en transición. Los triángulos que se ven a sus lados representan sus alas.

Hay un número determinado de líneas con las que se puede tejer a Savi: pueden ser 1,3,5,7,9 y/o 12. Especiales son los Yahui pequeños, colocados en los brazos y siempre en pares; los Yahui de 3 líneas, que representan la fortaleza y el cosmos; los de 5, que deben ir solos, a la altura del pecho y que representan cuidado y autoridad; y Yahui de 7 líneas, especial para la sanación y para hablar con la naturaleza. 

(a la izquierda, Yahui alado de 3 líneas, Ofelia Pineda, 2020)

El huipil será usado por las mujeres principalmente en los rituales de año nuevo, el día de su matrimonio y el día de su muerte, siendo enterradas con ello. 

Las flores que se añaden a los bordados serán de vital importancia en el inframundo. Son perfume para la vida y la muerte, y son lo desconocido. Al morir, el huipil se impregnará al cuerpo, transformándolo en bellas flores. Los colibríes, que son aves entre este mundo y el siguiente, comerán del néctar de ellas, acompañándolas siempre. 

 (a la derecha, los tres símbolos: flores, Yahui y el movimiento, representado por la figura con aves en la base. Ofelia Pineda, 2020)

Por último, se debe resaltar que los símbolos del huipil no sólo pueden plasmarse en él. Los tejidos pueden también estar en las mantas, como regalo de matrimonio, siendo muestra de unión y poder entre las alianzas. 





Referencias: 

Pineda, O. (2020). La paradiplomacia del arte textil. Una estrategia para el reconocimiento internacional del huipil tradicional de El Jicaral, Coicoyán de las Flores, Oaxaca. (Tesis de Licenciatura inédita. Universidad del Mar, Campus Huatulco.

Información extraída de la entrevista realizada a Ofelia Pineda Ortiz (2020).

Pineda, O. (2020) Iconografía tradicional del huipil. Diapositiva 8: Yahui con alas, Códice Nullall. 

Pineda, O. (2020) Iconografía tradicional del huipil. Diapositiva 11: un quechquemitl.

Pineda, O. (2020) Iconografía tradicional del huipil. Diapositiva 3: Yahui alado de 3 líneas.

Pineda, O. (2020). La paradiplomacia del arte textil. Una estrategia para el reconocimiento internacional del huipil tradicional de El Jicaral, Coicoyán de las Flores, Oaxaca. (Tesis de Licenciatura inédita. Universidad del Mar, Campus Huatulco. Pg: 147:  huipil con Yahui de 7 líneas a la altura del pecho.

Pineda, O. (2020) Iconografía tradicional del huipil. Diapositiva 14: los tres símbolos: flores, Yahui y el movimiento, representado por la figura con aves en la base.

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