El ciclo de la vida y la meteorología

El sol y la luna

Lo primero que se observa en el cielo es el sol, de día, y la luna, de noche. El curso del sol es de suma importancia para la vida. Es lo que marca la diferencia entre el día y la noche, así como las estaciones. Gracias al sol crecen las plantas, viven los seres humanos y animales. La luna crece y decrece hasta desaparecer y reaparecer de nuevo. El maíz, principal cultivo, depende a la vez del sol y de las fases de la luna. En la época prehispánica, el Sol era considerado como una divinidad, sin embargo no tenía tanta importancia entre los Na Savi (el pueblo de la lluvia) como Savi, el dios de la lluvia.

    El ciclo del sol y la orientación

Los puntos cardinales de mayor importancia son ‘el lado donde el sol nace’ (ichi nkene ngandi) (el este) y ‘el lado donde el sol se oculta’ (ichi ta’a ngandi) (el oeste). Como se posicionan a partir del este viendo para el oeste, el sur es ‘el lado izquierdo’ y el norte ‘el lado derecho’. El ciclo del sol es como el ciclo de la vida humana. El sol nace al este y muere al oeste, existiendo la idea de que durante la noche se desplaza debajo de la tierra.

Cuando muere alguien, se hace primero un velorio. La gente coloca el cuerpo del difunto frente al altar de la casa, con la cabeza hacia el altar. En teoría, el altar debe estar orientado hacia el este o el oeste. Cuando es un adulto, ponen el cuerpo en un petate (estera de palma) en el suelo. Cuando es un niño, lo ponen en una mesa y lo visten de blanco. En el cementerio, entierran los adultos con la cabeza hacia el este, es decir, mirando hacia el oeste, ya que se acabó su vida. Para los niños, es al contrario, con la cabeza hacia el oeste, mirando hacia el este, porque “estaban al inicio de su vida y tienen la esperanza de volver a vivir”. Los cementerios de la región suelen estar ubicados en lomas, porque los difuntos deben estar ‘arriba’ (sukun), y las tumbas tienen una orientación este-oeste. La descripción de los lugares donde van los muertos varía según los individuos, ya que se mezclan representaciones indígenas y cristianas. Varios dicen que van al cielo, pero algunas personas mayores cuentan que su alma (anima) va a Ñuu Ndii, el ‘pueblo de los muertos’, una cueva que está dentro de un cerro grande, donde se forman las nubes (Katz 2007). En otros lugares, como el pueblo de Santiago Nuyoo, según el antropólogo John Monaghan (1995), dicen que los difuntos van al ‘pueblo de las almas’ (ñuu anima), debajo de la tierra, donde el sol brilla durante la noche. El lugar de los muertos es, a la vez, el inframundo y el cielo, ambos estando conectados. A los conceptos mesoamericanos antiguos se mezcló la idea cristiana del paraíso celeste.

De la misma manera, en la agricultura, lo ideal es sembrar maíz, frijol y calabaza según un eje que sigue el trayecto del sol, “de donde sale el sol hacia donde se pone”. Así, las plantas de maíz “reciben mejor los rayos solares” para poder crecer.

    El curso del sol, el zenit y el nadir

Actualmente, en la Mixteca, mediodía (el sol en su zenit) y media noche (el nadir) son llamados ‘la mala hora’. Son considerados como momentos peligrosos. La gente evita pasar en esas horas por lugares vistos como peligrosos, tales como frente a una cueva, en una barranca oscura, en un cruce de caminos o en un ‘lugar pesado’, es decir, un lugar donde ‘pena’, porque, por ejemplo, alguien fue asesinado. Ahí se corre el riesgo de encontrar el ‘mal aire’ (tachi shee). El ‘mal aire’ es una emanación del inframundo, del mundo de los muertos. Es representado también por el diablo, que tiene generalmente el aspecto de un hombre blanco con un sombrero, o por otros espíritus malos, como la ‘bandolera’, una mujer seductora que atrae a los hombres en los caminos por la noche. También hay un saludo especial a mediodía (ta sa’nuvi) que difiere de los habituales ‘¡buenos días, tardes o noches!’.

En la época prehispánica, los mesoamericanos consideraban que, en la noche, el sol seguía su curso debajo de la tierra. El zenit y el nadir eran puntos importantes. La ‘mala hora’ es un momento de báscula, un momento en el cual este mundo y el ‘otro mundo’ están en contacto, pudiéndose pasar del uno al otro.

    El sol y la previsión meteorológica a corto tiempo

Los Na Savi dicen que si hay un círculo de colores alrededor del sol es signo de viento o de intensos calores. Si el sol se enrojece en la mañana, lloverá en la tarde, pero si brilla al terminar la tarde, no caerá ni una gota de agua. Lo mismo ocurrirá si las nubes se enrojecen por efecto del ocaso del sol y si el cielo está muy estrellado.

Las previsiones remiten también al ciclo de vida. La mañana, tiempo de la levantada del sol, corresponde, en la simbología local, al inicio de la vida; mientras que la tarde, con la puesta del sol, corresponde a su final. Así, el inicio de las lluvias corresponde al inicio de la vida, la estación de lluvias a la vida y la estación de sequía a la muerte, al periodo de latencia antes del renacimiento (Katz 2008).

 La luna (yoo)

    El mes lunar

La luna sirve al cómputo del tiempo. Un mes es ‘una luna’ (yoo). Las estaciones son ‘los meses de lluvia’ (da yoo savi) y ‘los meses de sequía’ (da yoo ichi).

El ciclo menstrual de la mujer corresponde también al ciclo de la luna. En Tu’un Savi, la menstruación es ‘enfermedad de la luna’ (’u’vi yoo).

    El ciclo de la luna

Para los Na Savi, después de la luna nueva, la luna ‘nace’, después es ‘tierna’ (yute), como un niño o una planta, ‘va macizando’, luego ‘está maciza’ (está llena) (yoo nixia) por unos días, después ‘está acabando’ (vaxi ni’iyoo) y luego ‘se acaba’ (muere), antes de ‘nacer de nuevo’.

La luna está asociada a la fecundación y el crecimiento. La luna, las plantas, los animales y los humanos siguen el mismo ciclo de vida. Son más ‘calientes’ cuando son ‘macizos’ que cuando son ‘tiernos’. ‘Macizo’ se refiere a la vez a lo que es maduro, lleno, fuerte, resistente. Se dice que los niños son ‘tiernos’; la planta de maíz que apenas crece es ‘tierna’ y al crecer se vuelve ‘maciza’.

Como para la reproducción humana, el mejor momento para la siembra del maíz es la ‘luna maciza’. La luna llena garantiza la fertilidad de la siembra, la fortificación de la planta, la resistencia de las mazorcas.

La observación de los astros y la llegada de la estación de lluvia

Los Na Savi tienen en cuenta dos referencias astronómicas para saber cuándo debe llegar la estación de las lluvias: las Pléyades y Venus.

    Las Pléyades (yukuu)

Los Na Savi llaman las Pléyades ‘las siete cabrillas’ en castellano; en Tu’un Savi las llaman yukuu, que ellos traducen por ‘montón de estrellas’.

Los mixtecos dicen que la estación de lluvias empieza en la época en la cual las Pléyades desaparecen en el cielo al anochecer.

    Venus (tiuun kà’nú)

En lenguas indígenas, se le refiere como ‘la estrella grande’: en mixteco tiuun kà’nú. En cada época del año, Venus aparece a horas diferentes. Así, los mixtecos observan la posición de esta estrella que corresponde con la llegada de las lluvias. Cuando vuelve a esa posición, saben que van a llegar las lluvias.

    Venus y la Serpiente emplumada

La Serpiente emplumada era una divinidad importante del mundo prehispánico mesoamericano, símbolo del agua celeste, de las nubes y de la temporada de lluvias (Sprajc 1990). En la Mixteca, la llaman ‘culebra de agua’ o ‘de lluvia’ en español, koo savi (serpiente de la lluvia) o koo tumi (serpiente emplumada) en mixteco.

La serpiente emplumada vuela más a partir de mayo y junio, haciendo subir las nubes para que llueva; estando entonces asociada al inicio de las lluvias. Su ‘casa’ (ve’i) está en las honduras, en las lagunas (mini). Durante la temporada de lluvias, dicen que es posible observarla cuando cambia de ‘casa’, “se extiende en el cielo como un petate”. Entonces, su desplazamiento acarrea fuertes aguaceros, o incluso tormentas. Cuando hay un aguacero fuerte, una tormenta o un remolino de lluvia, los hablantes de mixteco dicen ‘salió la culebra de agua’ (nge’ne kòò sàvi). Dicen también que, si por desgracia se le mata, desaparece la vegetación en ese lugar y ya nada crece.

                            (Serpiente emplumada)
 
Referencias:

Katz, E. (2017). Astros, Tiempo y Cliclo de Vida entre los Mixtecos, Oaxaca, México. Revista Anthropológicas 28 (1), 105-133.

https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/deed.en       

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